El Centro Infanta Leonor estrena una imagen que convierte su fachada en una obra de arte urbano llena de sentido. Cuatro murales firmados por el artista alicantino Tom Rock transforman los muros del edificio en un recorrido visual sobre la diversidad, la conexión humana y la esperanza. El proyecto, realizado durante 2025, nace del deseo de dar visibilidad al autismo desde el arte, acercando a la comunidad una mirada sensible, respetuosa y llena de vida.
El recorrido comienza con la imagen de una niña que observa tras unas manos cubiertas de color. Su gesto entre curioso y sereno, acompañado de la frase “Me asomo a vuestro mundo y sigo sin comprenderlo”, nos invita a reflexionar sobre la complejidad de entender al otro sin intentar cambiarlo. El contraste entre el blanco y negro del retrato y los tonos vivos de las manos simboliza la diversidad perceptiva y emocional que caracteriza al espectro del autismo.
En el muro central, burbujas y formas circulares conectan diferentes escenas: unas manos entrelazadas, un ave que protege su nido, un ángel que observa y una niña que baila entre las esferas de color. Este conjunto, de gran carga simbólica, representa el movimiento, la comunicación y los vínculos que sostienen la vida del Centro. La danza, en el centro de la composición, encarna la libertad de ser y la belleza de lo imprevisible.
El mural final, con un árbol cuyas raíces se transforman en manos, cierra la historia con una metáfora luminosa: crecer desde el arraigo, cuidar y dejar florecer. El atardecer que acompaña la escena evoca calma, continuidad y pertenencia.
Con esta intervención, Tom Rock ha logrado plasmar en los muros del Centro Infanta Leonor una narrativa visual que habla de inclusión, sensibilidad y respeto. No es solo un cambio estético: es una declaración de identidad.
El arte nos ayuda a mirar y a ser mirados de otro modo. Hoy, cada color y cada trazo en esta fachada cuentan quiénes somos y el compromiso que compartimos con las personas con autismo y sus familias.




