Noticias Científicas sobre el Autismo. Noviembre 2015

Las madres de hijos con autismo pueden sufrir problemas de memoria

El autismo es un trastorno neurológico complejo que por lo general dura toda la vida. Actualmente se diagnostica con autismo a 1 de cada 68 individuos y a 1 de cada 42 niños varones, haciéndolo más común que los casos de cáncer, diabetes y SIDA pediátricos.

Es cuatro veces más frecuente en los niños que en las niñas y básicamente, el autismo afecta a la capacidad de una persona para comunicarse y relacionarse con otros. También, está asociado con rutinas y comportamientos repetitivos, tales como arreglar objetos obsesivamente o seguir rutinas muy específicas.

Un artículo publicado hace unos meses en la revista científica, Memory acaba de determinar que las madres que tienen que ocuparse de niños con enfermedades crónicas pueden sufrir serios problemas de memoria. El estudio revela los hallazgos de un estudio llevado a cabo con mujeres de mediana edad y madres de niños con trastornos del espectro del autismo.

Este trabajo ha sido realizado por investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Valencia, en España. Según expertos y testimonios de madres de niños con autismo, cuidar de hijos con este tipo de trastorno no es fácil y aseguran que genera situaciones de mucho estrés.

El estudio respalda que el agobio continuado es malo para la salud, sobre todo para el hipocampo, una estructura del cerebro relevante en el adecuado funcionamiento de la memoria.

El trabajo comparó la capacidad de memoria de un grupo de madres de niños con trastornos del espectro del autismo denominadas ‘cuidadoras’ con la de un grupo de mujeres ‘control’ (no cuidadoras). Además valoró otros factores importantes como el afecto negativo y los niveles de testosterona, en relación con esa respuesta de estrés continuado.

Los análisis mostraron que el grupo de cuidadoras presentaba una mayor tendencia a confundir el material a recordar, lo que indicaría un peor funcionamiento de la memoria. Además, tenían un peor afecto y mayores niveles de testosterona. Cuantos más años cuidando, peor era el rendimiento de memoria y mayores sentimientos de ira tenían las cuidadoras.

Esta investigación, por lo tanto, refleja el fuerte impacto que sufre la salud de los cuidadores de enfermos crónicos y lo importante que es promover el cuidado del cuidador.

El dominio del estrés y un buen ejercicio mental pueden ser dos formas de compensar los efectos negativos del cuidado.

Revista Memory

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Manipulación del sistema de la oxitocina como potencial tratamiento del autismo

Una investigación llevada a cabo por un equipo de la Universidad de California-Irvine en Estados Unidos sugiere que uno de los mecanismos por los que la oxitocina hace que las relaciones interpersonales se perciban como agradables podría ser a través de la liberación de anandamida, cuyo uso es visto como potencial tratamiento del autismo.

El trabajo ha contado con la participación de Olga Peñagarikano, investigadora Ramón y Cajal del Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina y Odontología de la UPV/EHU, con amplia experiencia en el estudio de las causas neurobiológicas del autismo y la manipulación del sistema de la oxitocina como potencial tratamiento de esta enfermedad.

El artículo ha servido para demostrar que la liberación de oxitocina produce un aumento en la producción de anandamida, lo que hace que los ratones muestren una preferencia por interaccionar socialmente. Este nuevo mecanismo por el cual la oxitocina podría estar involucrada en la conducta social ha sido recientemente publicado en la revista científica ‘PNAS’.

No es la primera vez que se habla de la oxitocina como nueva terapia para el trastornos del espectro del autismo, numerosos ensayos clínicos realizados con humanos han demostrado que cuando la cantidad de oxitocina aumenta hay determinados aspectos que mejoran en las interacciones sociales. «Hoy en día todavía no hay un tratamiento en el autismo para mejorar la conducta social, pero una de las terapias más prometedoras para el TEA es la manipulación del sistema de la oxitocina», explica la investigadora.

Se cree que al menos una parte de pacientes con TEA podría tener una disfunción en este sistema. De hecho, en otra publicación reciente, la investigadora demostró que un modelo de ratón de autismo presentaba unos niveles reducidos de oxitocina en su cerebro y que la administración de la misma mejoraba su comportamiento social.

Para ello, la investigadora construyó un vector vírico _un virus modificado de manera que no es patogénico, es decir, no produce ninguna enfermedad_ para transferir un receptor artificial a las neuronas que producen oxitocina en el ratón.

Esta técnica, llamada DREADD (Designer Receptors Exclusively Activated by Designer Drugs, es decir, receptores de diseño exclusivamente activados por drogas de diseño), es un técnica muy útil en el estudio de circuitos neuronales: consiste en transferir un receptor artificial a las neuronas de interés, que serán activadas o desactivadas exclusivamente mediante la administración de un determinado fármaco para ver su efecto.

El doctor Piomelli, investigador de la Universidad de California y experto en endocanabinoides, contactó con Peñagarikano para poder utilizar el vector desarrollado por la investigadora vasca en la técnica DREADD, en un estudio que ha servido para demostrar que la liberación de oxitocina produce un aumento en la producción de anandamida (una sustancia endógena, producida por nuestro cuerpo, que actúa sobre los receptores canabinoides, mismos receptores sobre los que actúa el cannabis).

«Mi implicación en este trabajo ha sido la de compartir el vector vírico necesario para la técnica DREADD y supervisar y asesorar en su uso para garantizar su utilización exitosa», explica Peñagarikano.

Aumentando la cantidad de anandamida se observa que los ratones muestran una mayor preferencia por interaccionar socialmente. Cuando se activa el sistema de la oxitocina, tanto farmacológicamente como mediante la técnica DREADD, se produce un aumento en la producción de anandamida. Se sabe que la oxitocina interactúa con otros neurotransmisores en este sistema, como son la serotonina y la dopamina.

Este trabajo «desvela un nuevo componente en el sistema, lo que podría tener implicaciones a la hora de desarrollar fármacos para enfermedades afectadas por deficiencias en la conducta social, como el autismo, basadas en la modulación de este circuito», concluye.

Revista PNAS

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Informe: autismo afecta a uno de cada 45 niños en EEUU

El gobierno de Estados Unidos calcula que uno de cada 45 niños del país padece de autismo, aunque otros cálculos federales consideran que ese trastorno del desarrollo es menos común.

La nueva cifra difundida el viernes es uno de tres cálculos que los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) dan para el autismo sobre la base de distintas encuestas; los más rigurosos consideran que afecta a uno de cada 68 niños.

El nuevo cálculo deriva de una encuesta a padres de 13.000 niños a quienes se preguntó el año pasado si sus hijos fueron diagnosticados alguna vez con autismo o algún trastorno asociado. El cálculo menor de los CDC se debe a investigadores que revisaron registros de salud y escolares para más de 47.000 niños.

La proporción de 1 cada 68 debe ser considerada la más precisa, afirmó Michael Rosanoff, director de investigación sobre salud pública para el grupo Autism Speaks, pero agregó que la nueva cifra apoya la suposición de que 1 sobre 68 no es sino una subestimación.

Los cálculos sobre la frecuencia del autismo han aumentado paulatinamente. En 2007, los CDC calculaban que afectaba a 1 de cada 150 niños.

Durante décadas, se consideró personas con autismo a los niños con severas deficiencias verbales, intelectuales y sociales, además de comportamientos inusuales repetitivos, pero la definición se amplió gradualmente para incluir ahora otras condiciones similares y más ligeras. Todavía se desconoce su causa.

Los expertos dicen que padres y maestros tienden cada vez más a considera al niño con autismo, un niño con problemas de aprendizaje y comportamiento, de modo que en parte al aumento se debe en parte a la consideración de distintas características.

Una tercera encuesta de los CDC difundida hace dos años —también basada en respuestas de los padres— calculó una incidencia de 1 cada 50.

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Informe del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC)

 

Las personas que se dedican a las ciencias tienden a tener más rasgos del autismo.

Estudio realizado por científicos de la Universidad de Cambridge afirma que las personas que se desempeñan dentro de algún campo de la ciencia tienden más a tener rasgos del autismo que las personas que realizan otros tipos de trabajo.

Las personas que trabajan en profesiones científicas son más propensas a tener rasgos del autismo que los que realizan trabajos técnicos, según un experimento reciente realizado en Inglaterra, en el que participaron más de medio millón de habitantes.

El experimento  fue realizado por científicos de la Universidad de Cambridge, quienes invitaron a las personas a completar un cuestionario en línea de 50 preguntas por persona. Más de 450,000 personas contestaron la encuesta.

El cuestionario se llama el cociente del espectro autista (AQ por sus siglas en inglés) y fue desarrollado por científicos de la Universidad de Cambridge y dirigido por el profesor Simon Baron-Cohen, para evaluar, de manera rápida y eficaz, dónde es probable que alguien entre dentro del espectro de los rasgos asociados con el autismo.

Los resultados, que se publicaron en la revista en línea PLoS ONE, no mostraron relación entre rasgos del autismo y la ubicación geográfica o la edad, pero sí mostraron asociaciones significativas entre el sexo y la ocupación.

El estudio también confirmó que los hombres tienden a ser más autista que las mujeres, con el hombre promedio teniendo una puntuación AQ de 21,6 frente a 19 de las mujeres.

Dentro de los participantes, aquellos que trabajaban en el campo de la ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas (STEM) anotó un promedio de 21.9 en comparación con 18.9 del resto de las personas con otros empleos.

El profesor Simon Baron-Cohen dijo:

Estudios previos han encontrado que el número de rasgos del autismo que una persona está influenciada por factores genéticos y los niveles de testosterona prenatal. Estos pueden arrojar luz sobre por qué nos encontramos con que la mayor población de hombres, en promedio, tienen un poco más de rasgos del autismo que las mujeres, y por qué los padres y abuelos de los niños con autismo están sobrerrepresentados dentro de los campos de STEM.

Nota: El cociente de espectro autista no es lo suficientemente preciso como para proporcionar un diagnóstico clínico completo y no debe ser considerado como tal.

Revista PlosOne

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El aumento de peso es un problema para los niños con autismo.

Los niños con autismo podrían tener un riesgo más alto de obesidad, y las diferencias en el peso se observan ya en la edad preescolar, revela un estudio reciente.

«Muchas cosas suceden en esas familias cuando los niños tienen menos de 5 años, lo que incluye pasar por el proceso de obtener un diagnóstico y simplemente manejar las conductas cotidianas y conjugar las necesidades educativas y de tratamiento de sus hijos», apuntó la autora del estudio, Alison Presmanes Hill.

«Es posible que las señales y síntomas tempranos de autismo sean tan relevantes para los padres que quizá eclipsen las preocupaciones sobre los problemas con el peso», explicó Hill, profesora asistente de pediatría del Instituto de Desarrollo y Discapacidad de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón, en Portland.

El equipo de Hill halló que los niños en edad preescolar y los adolescentes con autismo eran un poco más propensos que sus pares sin el trastorno del desarrollo a tener sobrepeso o ser obesos.

Los hallazgos aparecen en la edición en línea del 2 de noviembre de la revista Pediatrics.

Para el estudio, los investigadores pesaron y midieron a más de 5,000 niños de 2 a 17 años de edad que tenían un trastorno del espectro del autismo (TEA). Se comparó el índice de masa corporal (IMC) de cada niño con el rango esperado según la edad y el sexo. El IMC es una proporción entre el peso y la estatura.

Los niños con un IMC en o por encima del percentil 95 se consideraron obesos, mientras que se consideró los que estaban en o por encima del percentil 85 tenían sobrepeso. En total, el 34 por ciento de los niños con autismo tenían sobrepeso, en comparación con el 32 por ciento de la población general, y el 18 por ciento de los niños con autismo eran obesos, frente al 17 por ciento de la población general.

Las diferencias fueron más sorprendentes en la edad preescolar y la adolescencia. En comparación con otros niños de su edad, los niños con autismo de 2 a 5 años eran más propensos a ser obesos: un 16 frente a un 10 por ciento. Y los adolescentes con autismo también presentaban un riesgo más alto de obesidad que sus pares: un 26 frente a un 20 por ciento, según el estudio.

Los investigadores también recabaron información sobre la conducta, las capacidades mentales, el consumo de medicamentos y otras afecciones médicas de los niños. A medida que las puntuaciones en escalas de problemas del sueño y dificultades conductuales aumentaban, lo mismo sucedía con el riesgo de obesidad, encontraron los investigadores.

«La característica más llamativa de este estudio es que las diferencias en un peso malsano entre los niños con un desarrollo típico y los niños con un TEA son aparentes incluso ya en la edad preescolar», dijo la Dra. Sonia Monteiro, pediatra del desarrollo del Hospital Pediátrico de Texas, en Houston. Los factores contribuyentes podrían incluir la alimentación selectiva, una participación más baja en la actividad física y el uso de fármacos que podrían conducir al aumento de peso, planteó.

Hill señaló que un motivo posible de los niveles más bajos de actividad física en los niños más pequeños es que los preescolares con autismo podrían participar en actividades sociales con menos frecuencia, algo que a esa edad conlleva unos juegos enérgicos.

Los hallazgos no sorprendieron al Dr. Glen Elliott, jefe psiquiatra y director médico del Consejo de Salud Pediátrica en Palo Alto, California.

«Creo que la observación de que los niños y adolescentes con (y sin) autismo tienen una tasa alarmante de obesidad está bien establecida», comentó Elliott. «Lo que está menos claro es qué se puede hacer exactamente respecto a los problemas con el peso».

Ya es muy difícil abordar la obesidad en los niños sin discapacidades del desarrollo, así que sugerir restricciones calóricas a los niños con autismo con frecuencia resultará inútil, dijo.

«Para algunos padres, introducir el ejercicio regular en la vida de sus hijos con autismo resulta más fácil, porque las rutinas como las caminatas o montar bicicleta a diario tienden a mantenerse una vez se han establecido», dijo Elliott. Pero quizá eso no sea suficiente cuando algunos fármacos, como los antipsicóticos atípicos, aumentan el peso y fomentan el crecimiento de células grasas en el área abdominal.

«Si el culpable es el medicamento, ¿cómo equilibramos los beneficios contra el riesgo?», preguntó Elliott.

Los padres también pueden intentar reducir el tiempo que los niños con autismo pasan con los medios de comunicación, por ejemplo la televisión, apuntó Jack Dempsey, psicólogo pediátrico del Centro de Autismo del Hospital Pediátrico de Texas, en Houston.

«Para reducir el riesgo de obesidad del niño, los padres deben intentar fijar límites sobre el consumo de alimentos ricos en calorías y la cantidad de tiempo que los niños pasan frente a la pantalla desde una edad temprana», dijo Dempsey. También recomendó incorporar la actividad física en la rutina diaria de los niños con la familia.

«Los padres deben tener en cuenta que implementar estas estrategias en los niños con TEA es difícil, y no desanimarse ante las dificultades», añadió Dempsey.

Hill añadió que también es importante que los padres no ignoren el peso del niño aunque estén trabajando para abordar los otros problemas que tenga.

«Esperamos que nuestros hallazgos animen a los proveedores de atención sanitaria a comenzar pronto a pensar y a abordar de forma proactiva los problemas del peso, de forma que no terminen siendo la última prioridad», comentó Hill.

Revista Pediatrics

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