La musicoterapia y los síntomas de los niños con autismo

El tratamiento con musicoterapia no mejora los síntomas de los niños con autismo, según ha puesto de manifiesto un estudio llevado a cabo por científicos del Centro de Investigación de Musicoterapia de la Academia Grieg en Bergen (Noruega) y que ha sido publicado en ‘JAMA’.

La musicoterapia busca explotar el potencial de la música como medio de comunicación social ya que estas personas tienen importantes problemas a la hora de comunicarse. En la terapia de música improvisada, el paciente y el terapeuta improvisan música cantando, jugando y moviéndose con el fin de facilitar el desarrollo de las habilidades comunicativas sociales del niño.

No obstante, en el estudio se ha demostrado que no aporta tantos beneficios que aporta a los niños con autismo. Para alcanzar esta conclusión, los expertos asignaron al azar a niños de 4 a 7 años con autismo en dos grupos: uno con musicoterapia y otro sin este tratamiento. El objetivo en ambos casos era mejorar la atención y comunicación del menor.

Los investigadores descubrieron que durante cinco meses, la diferencia de mejoría en ambos grupos era pequeña y que, incluso, no se detectaron diferencias significativas en la gravedad de los síntomas de la TEA. “Estos hallazgos no apoyan el uso de terapia de música improvisada para la reducción de síntomas en niños con trastorno del espectro del autismo”, han zanjado los investigadores.

Revista JAMA

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Las personas con autismo se sorprenden menos con lo inesperado

La revista Nature Neuroscience publica un proyecto de la University College de Londres que determina que los adultos con autismo pueden sobreestimar la volatilidad del mundo que les rodea.

Un estudio de la University College de Londres ha descubierto que los adultos con autismo estaban menos sorprendidos por imágenes inesperadas, en una tarea de aprendizaje simple, que los adultos sin autismo. La insistencia en la igualdad y la intolerancia al cambio forman parte de los criterios diagnósticos para el autismo, pero existe poca investigación sobre cómo las personas con autismo representan y responden a cambios inesperados en su entorno. 

El estudio, formado por 24 adultos con autismo y 25 adultos sin autismo, consistía en una tarea que implicaba aprender a esperar ver diferentes imágenes en una pantalla de computadora después de escuchar un sonido alto o bajo. Los investigadores aplicaron el modelado computacional a los datos para caracterizar el proceso de aprendizaje de cada persona. Los resultados reflejaron que los adultos con autismo tienden a sobreestimar lo cambiante, que es el ambiente, reduciendo sus expectativas anteriores guiadas por su comportamiento. Los adultos con autismo aprendieron la tarea bastante bien en general, pero mostraron diferencias en la actualización de sus expectativas cuando el ambiente inesperadamente se volvió más volátil.

“Sabemos de estudios previos que las personas con autismo a menudo no se sorprenden por cosas que sorprenderían a otras personas”, ha dicho Rebecca Lawson, autora del estudio. “Cuando estamos inseguros tanto con nuestras propias creencias, como bajo condiciones volátiles, nos impulsan más nuestros sentidos que nuestras expectativas anteriores. Si las personas con autismo esperan a menudo la volatilidad, ésto ayudaría a explicar su propensión a la sobrecarga sensorial, mejorado el funcionamiento perceptual y la insensibilidad al contexto “, ha añadido Lawson.

El estudio determinó que la capacidad de formar expectativas sobre las imágenes estaba relacionada con los problemas de comunicación de las personas con autismo. Las medidas computacionales de aprendizaje y sorpresa también estaban relacionadas con los cambios en el tamaño de la pupila, que se cree que refleja la función de los químicos del cerebro llamados neuromoduladores, como la noradrenalina.

“Las diferencias individuales entre cómo la gente representa y responde al mundo son a menudo más llamativas que las similitudes. Esta investigación representa un avance importante en nuestra comprensión de cómo las personas con autismo ven el mundo de manera diferente”, ha concluido Lawson.

Revista Nature Neuroscience 

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